Los resultados más recientes de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (Enoe), correspondientes a diciembre de 2025 y publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), reflejan un deterioro en la calidad del empleo en México, caracterizado por un crecimiento de la ocupación sustentado principalmente en la informalidad, menores prestaciones laborales y una alta concentración de trabajadores en los rangos salariales más bajos.

Si bien la población ocupada registró un incremento anual de mil 058 millones de personas, este crecimiento resultó insuficiente frente al aumento de 2 mil 176 millones de personas en la población en edad de trabajar (15 años y más), lo que evidencia la limitada capacidad del aparato productivo para absorber la nueva oferta laboral, tanto en términos de cantidad como de calidad del empleo.
El análisis de la composición del empleo muestra que la totalidad del aumento de la población ocupada se concentró en la informalidad, la cual creció en mil 162 millones de personas, alcanzando el 54.6% del total de los ocupados, por encima del 53.7% observado un año antes. En contraste, la ocupación formal se redujo en 104 mil personas, acumulando seis meses consecutivos de caídas anuales, una señal relevante de debilitamiento del empleo formal.

En materia de acceso a prestaciones sociales, destaca que mil 502 millones de personas del aumento total de la ocupación se incorporaron al mercado laboral sin acceso a instituciones de salud, mientras que el número de ocupados con dicha prestación disminuyó en 347 mil personas durante el mismo periodo. Este comportamiento confirma una mayor vulnerabilidad laboral para una proporción creciente de trabajadores.
Por posición en el trabajo, el número de trabajadores subordinados y remunerados, categoría comúnmente asociada al empleo formal, aumentó únicamente en 338 mil personas. Sin embargo, este avance se vio opacado por un incremento de mil 082 millones de trabajadores sin prestaciones, mientras que el universo de ocupados con prestaciones se redujo en 507 mil, lo que refuerza la tendencia hacia esquemas laborales más precarios. Adicionalmente, los ocupados clasificados como no especificados disminuyeron en 236 mil personas.

El análisis por nivel de ingresos revela una alta concentración de la población ocupada en los rangos salariales más bajos, lo que, a pesar de los incrementos acumulados en el salario mínimo, constituye una señal clara de precarización. Al cierre de 2025, el 39.2% de los ocupados percibía hasta un salario mínimo, mientras que el 35.5% recibía entre uno y dos salarios mínimos. Estas proporciones contrastan de forma significativa con las observadas en 2018, cuando dichos segmentos representaban el 15.8% y 27.5%, respectivamente.
En contraste, únicamente el 10.7% de la población ocupada percibió más de dos salarios mínimos, muy por debajo del 35.6% registrado al cierre de 2018. El resto de los trabajadores se concentró en los segmentos de personas sin ingresos o con ingresos no especificados.

La economía informal se consolidó como una alternativa para un número creciente de personas ante la escasez de empleos formales. Incluso, en algunos casos, esta modalidad resulta más rentable en el corto plazo. De acuerdo con el Inegi, el ingreso promedio por hora trabajada de los trabajadores por cuenta propia fue de 71.10 pesos, mientras que el de los trabajadores subordinados y remunerados asalariados se ubicó en 61.81 pesos, lo que explica parcialmente el atractivo de la informalidad.
En este contexto, resulta fundamental fortalecer un entorno de negocios que incentive la inversión productiva, facilite la creación de nuevas empresas y promueva la consolidación de las existentes dentro de la formalidad. Este enfoque es clave para generar empleos formales de mayor calidad, con mejores ingresos y acceso a prestaciones sociales.

Un mercado laboral caracterizado por salarios bajos, ausencia de prestaciones económicas y limitado acceso a servicios de salud constituye una señal clara de precarización. Mejorar estas condiciones representa un reto inmediato para la economía mexicana, particularmente en un escenario de crecimiento moderado y expectativas económicas aún contenidas para el presente año.