Hay momentos en que la mente parece no encontrar salida: pensamientos que regresan una y otra vez, acciones que se repiten incluso cuando ya no resultan útiles. Esa sensación de estar “atrapados” en un mismo patrón no es solo una metáfora. La ciencia comienza a comprender qué ocurre en el cerebro cuando ciertos comportamientos toman el control.
Un equipo del Instituto Karolinska, en Suecia, identificó un circuito neuronal que podría explicar cómo el cerebro llega a priorizar conductas repetitivas por encima de otras necesidades. El hallazgo fue publicado en la revista Science Advances y aporta nuevas pistas sobre el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC).

El equilibrio que se rompe en el cerebro
El TOC es un trastorno crónico caracterizado por obsesiones —pensamientos intrusivos y persistentes— y compulsiones, es decir, conductas repetitivas que la persona siente que debe realizar. Estos síntomas pueden generar angustia significativa e interferir en la vida cotidiana.
Aunque existen tratamientos eficaces para aliviar sus efectos, los mecanismos cerebrales que lo originan no se comprenden completamente. Precisamente ahí se centra esta nueva investigación.

El circuito que inclina la balanza
El estudio identificó una conexión específica entre dos regiones cerebrales: el hipotálamo lateral y la habénula lateral.
El hipotálamo lateral participa en funciones básicas como el hambre, el sueño, la temperatura corporal y el estado de ánimo. La habénula lateral, por su parte, interviene en el procesamiento de experiencias negativas y en la respuesta ante estímulos aversivos.
Esta vía está regulada por un grupo de neuronas sensibles al estrés conocidas como Esr1+. A su vez, estas células se conectan con el núcleo accumbens, una región clave en los circuitos de recompensa, motivación y placer.

En términos simples, se trata de una red cerebral que ayuda a decidir qué conducta priorizar en cada momento: buscar alimento, interactuar socialmente o repetir una acción determinada.
Cuando la repetición supera a la necesidad
En modelos experimentales, al activar este circuito los investigadores observaron que los animales desarrollaban conductas repetitivas —como cavar u olfatear constantemente— incluso cuando había recompensas disponibles, como comida.
Con la activación reiterada, estas conductas comenzaron a imponerse sobre necesidades básicas. El cerebro parecía entrar en un “modo repetitivo”, desplazando comportamientos más adaptativos.
En contraste, cuando se bloqueó la conexión entre el hipotálamo y la habénula, las conductas compulsivas disminuyeron. Esto sugiere que este circuito desempeña un papel determinante en la transición hacia patrones repetitivos persistentes.
Más allá del TOC
Los hallazgos no solo ofrecen nuevas claves para entender el TOC. También podrían ayudar a comprender otros fenómenos en los que la repetición domina la conducta, como ciertas adicciones o comportamientos impulsivos.
Aún se requieren más estudios para determinar cómo influyen los neurotransmisores y las variaciones en la actividad cerebral en este proceso. Sin embargo, la identificación de este circuito representa un avance significativo: proporciona una base biológica concreta para entender por qué el cerebro, en ocasiones, prioriza acciones que ya no son funcionales.

La mente humana es compleja y adaptable, pero también vulnerable a desequilibrios en sus redes neuronales. Comprender esos mecanismos es un paso fundamental para diseñar terapias más precisas y, eventualmente, ayudar a que el cerebro recupere su capacidad de elegir en lugar de repetir.