Mientras la inteligencia artificial promete respuestas inmediatas, eficiencia y productividad, una parte significativa de la Generación Z vive una paradoja: cuanto más utiliza estas herramientas, más teme que puedan debilitar su capacidad de pensar por sí misma.
Una investigación realizada por la Universidad de Harvard en colaboración con Gallup y la Fundación de la Familia Walton revela que siete de cada diez jóvenes consideran que el uso intensivo de la inteligencia artificial podría afectar negativamente sus habilidades cognitivas.
El estudio, basado en 2 mil 500 encuestas a jóvenes de entre 18 y 28 años, muestra una generación que no rechaza la tecnología, pero que sí cuestiona sus efectos a largo plazo.

Una relación ambivalente con la inteligencia artificial
La Generación Z utiliza la IA para estudiar, trabajar, redactar textos, organizar información y resolver dudas cotidianas. Sin embargo, el 79% teme que estas herramientas fomenten la pereza intelectual y el 62% cree que podrían volver a las personas “menos inteligentes”.
Más allá de errores técnicos o desinformación, la principal inquietud no es tecnológica, sino cognitiva: el riesgo de dejar de ejercitar la mente.
Para muchos jóvenes, depender constantemente de respuestas automatizadas podría desplazar el aprendizaje por práctica. El 68% expresó preocupación por sustituir el desarrollo de habilidades mediante el esfuerzo propio.
La metáfora que más se repite entre los encuestados es clara: “la mente es un músculo”. Si no se usa, se debilita.

Pensamiento crítico y aprendizaje social en riesgo
Otra de las alertas detectadas en el estudio es la posible erosión del pensamiento crítico. El 65% considera que la IA puede limitar la capacidad de analizar información en profundidad, al ofrecer soluciones listas para usar sin obligar a procesarlas.
El aprendizaje social también aparece como un punto sensible. El 61% teme que la IA reemplace conversaciones reales, debate y construcción colectiva del conocimiento. En una generación que ya enfrenta desafíos de aislamiento digital, la posibilidad de interactuar más con algoritmos que con personas genera inquietud.
Aunque la encuesta fue aplicada en Estados Unidos, estas preocupaciones resuenan en México, donde la adopción de herramientas de IA en ámbitos educativos y laborales crece de manera acelerada. Universidades, empresas y estudiantes incorporan cada vez más asistentes digitales en su rutina diaria.

Los beneficios que también reconoce la Generación Z
El panorama no es completamente negativo. La misma generación identifica ventajas claras en el uso responsable de la inteligencia artificial.
Entre los beneficios más valorados destacan:
- Acceso ágil al conocimiento, especialmente para descomponer temas complejos en pasos comprensibles.
- Exposición a nuevas perspectivas, más allá del círculo inmediato.
- Ahorro de tiempo en tareas repetitivas, lo que permite enfocarse en actividades creativas o estratégicas.
Para muchos jóvenes, la clave no está en eliminar la IA, sino en aprender a usarla como herramienta complementaria y no como sustituto del razonamiento propio.

Un desafío para México: uso inteligente, no dependencia
En el contexto mexicano, donde se impulsa la digitalización educativa y laboral, el debate adquiere relevancia estratégica. La pregunta ya no es si la IA debe utilizarse, sino cómo integrarla sin comprometer el desarrollo de habilidades cognitivas fundamentales.
El estudio plantea un dilema generacional: la inteligencia artificial puede expandir el conocimiento o reducir la autonomía intelectual, dependiendo del uso que se le dé.
La Generación Z parece tenerlo claro. No teme a la tecnología en sí, sino a dejar de pensar por sí misma.